En el Aquí y Ahora.

El estar presentes en el aquí y ahora, disfrutando de la frescura y sencillez del instante presente, es quizás una de las cosas más bonitas e importantes que podríamos tratar de aprender de las niñas y niños que nos rodean. Esa misteriosa receta para lograr la felicidad que aparece en los libros de autoayuda, predicada por psicólogos, terapeutas  y gurús de toda índole, es sin duda una ardua tarea para cualquier adulto, a veces misión imposible,  y sin embargo, una actividad simple y cotidiana para cualquier niño.

Nuestros pequeños solo necesitan de un ambiente cálido y respetuoso, donde se les acoja en lo que son, y no en lo que se supone que deberían ser y no son, y ellos mismos no dudaran un solo instante en dar rienda sueltas a su imaginación, a su intuición, a su alegría… Con una elevada autoestima, libres y con confianza en sí mismos no encontraran trabas para explotar su potencial y entusiasmarse cada cinco minutos con una nueva aventura, imaginando elefantes, surcando los mares como piratas, o quizás como vikingos, activando sin saberlo millones de conexiones neuronales, alimentando a sus cerebros, siempre con el juego como vector principal del aprendizaje. Explorando y exprimiendo con intrepidez las riquezas de un entorno en el que, muchas veces, el adulto, tupido por el velo de la seriedad racional, no consigue ver gran cosa.

Los adultos nos sentimos quizás demasiado responsables de nuestras niñas y niños. Enfrascados en conseguir que lleguen a tener una posición segura en la sociedad, caemos en el error de decirles a cada momento lo que deben hacer, lo que no deben hacer, lo que deben llegar a ser… Interrumpiendo la magia del aquí y ahora e invadiéndoles con distracciones y preocupaciones mundanas, que no les corresponden todavía.

¿Qué tal si dejamos que los niños y niñas vivan su propia vida? Que vivan en el presente, completa, totalmente, que vivan allá donde estén, tal como son, con lo que tienen, con los que están… Dediquémonos a reconocer el carácter tan precioso de cada jornada a su lado, acompañándoles, observándoles con atención y tomando nota. Quizás tengamos suerte y podamos volver por un ratito al maravilloso mundo del Aquí y Ahora…

Iago Ferraz.

Las motivaciones primarias

Una vez cubiertas las motivaciones primarias, basadas en las necesidades biológicas para sobrevivir (agua, aire, comida, Amor), comienzan a surgir para el ser humano las motivaciones o necesidades de estímulo e información, que para la mayoría de investigadores son innatas e intervienen directamente en la maduración y el funcionamiento del sistema nervioso. Al igual que una planta crece y se desarrolla sin necesidad de ser moldeada, captando, absorbiendo y codificando los estímulos y la información de su entorno, el pequeño ser humano no tiene ninguna necesidad de ser dirigido para desarrollar su crecimiento, solo precisa de un entorno relajado, rico en estímulos y con gran cantidad de información a su alcance. Intrínsecamente, este ya dispone de una importantísima e irreductible fuerza interior que le hará sobrevivir y le llevará a adaptarse e integrarse con los demás miembros de su especie y con el resto de seres vivos. A medida que va madurando y entrando en su etapa adulta comienzan a aparecer las motivaciones  secundarias, derivadas de necesidades e impulsos adquiridos. Muchas de ellas están relacionadas con la necesidad de éxito y poder, influidas por fuerzas sociales y configuradas por el aprendizaje. Es aquí donde comienza a surgir la importante necesidad de desarrollar los conceptos de decisión y entusiasmo. La capacidad de darse cuenta de que la Magia reside en el interior de cada uno, de que es nuestro mayor tesoro y de que gracias a él podemos cumplir cualquier objetivo que nos marquemos, hacer cualquier sueño realidad, volar hacia la cima más alta… Solo necesitamos tener plena conciencia de que esta Magia existe y confiar plenamente en nuestra intuición. Si observásemos atentamente, nos daríamos cuenta de que esas pequeñas personitas que viven con nosotros son los auténticos Maestros en esto, son los genios que nos podrían enseñar a no perder nunca el entusiasmo. Podríamos observar que cuándo una niña o niño realizan un dibujo, un experimento de botánica o una construcción con bloques de madera, saben con total seguridad que lo van a conseguir hacer de manera perfecta, justo como lo habían pensado, como realmente quieren, y así será, siempre y cuando no venga un adulto por detrás a decirle lo contrario.  Infelizmente, el adulto, bajo su mirada amenazadora y su lógica aplastante está empecinado en enjuiciar cada acción mágica de estas pequeñas personitas, cortándole las alas, en muchos casos de una manera drástica y trágicamente irrevocable. Imaginémonos a ese pequeño artista, que tras terminar su obra de pintura realizada con el mayor de los entusiasmos es finalmente suspenso. _“Porque el cielo tiene que ser azul, no puede ser verde chico, ¿no lo entiendes?”_ le dice su profesor. Probablemente, en su ofuscación, ese pequeño artista no lo vuelva a intentar nunca más, o en el mejor de los casos lo intentará hacer dominado por el miedo y con la única motivación de contentar a su maestro. ¿Y que más da? _”Mejor así, si esos chicos tan raros nunca suelen acabar siendo productivos para el sistema, al final acabará siendo un bohemio, un vago o un maleante, mejor es moldearlos desde bien pequeñitos para que luego de adultos no se nos vallan de las manos…” Llegados a este punto, en el que la necesidad de cambiar los paradigmas educativos es tan latente, solo nos queda perseverar en el esfuerzo, que es el último factor del cambio. El esfuerzo de padres, madres, educadoras, educadores y personas adultas en general para acompañar a las pequeñas personitas que están a nuestro alrededor de una manera respetuosa, sin enjuiciar cada paso que estas dan, sin apagar la llama de su entusiasmo, cuidando con esmero, dedicación y sobretodo con cantidades intangibles de Amor, esa lámpara maravillosa de la que paulatinamente irán saliendo esos pequeños genios que algún día conseguirán crear un mundo que funcione mejor para todos. Debemos darnos cuenta de que en medio de esta desarmonía general nos está surgiendo la oportunidad de crear una sociedad diferente. En un mundo lleno de diferentes direcciones podemos y debemos elegir una dirección, un foco, una intención, ya que nunca ha sido tan claro que el futuro depende de nosotros, y sin lugar a dudas, nuestros niños son el vector del cambio, ellos tienen la llave.

Iago Ferraz.

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De profesores, alumnos, semillas y acompañantes: un jardín muy activo

Un acompañante en una escuela activa no es un profesor. Es una persona que está acompañando a los niños, es decir, está con ellos, junto a ellos, velando por sus necesidades físicas y psico-emocionales. Observa a los niños con atención para conocerlos profundamente, apreciar su momento evolutivo y detectar sus necesidades auténticas para tratar de que estén cubiertas. Es alguien que vela para que los ambientes estén relajados, propiciando que los niños puedan aprender de forma no directiva. Así, también es garante del mantenimiento de los límites dentro de los espacios. Además es apoyo, bastón, si el niño le requiere para ello. Escucha de forma activa a los niños en caso de conflicto, tratando de intervenir lo mínimo necesario para asegurar la autonomía de los mismos en su toma de decisiones, resolución de conflictos y propia iniciativa. Es respetuoso en su forma de comunicación buscando formas no violentas de expresión verbal y no verbal. No considera al niño como un recipiente al que llenar con sus conocimientos y esquemas de adulto, sino como un ser lleno de posibilidades, una naturaleza viva a la que acompañar en su crecimiento, ofreciéndole amor y cuidado incondicional, para que ese ser pueda desplegar todas sus potencialidades y herramientas. Un acompañante de una escuela activa sabe que la vida es la mejor escuela y los niños los mejores “ maestros”, por eso observa con otra mirada más atenta, una mirada más humilde desde el adulto dispuesto a sorprenderse cada día con la riqueza vital de estos pequeños “sabios” y replantearse continuamente todas sus pre-concepciones y verdades adquiridas en años y años de educación “directiva”, reglada y convencional. Un viaje a la inversa para borrar viejos esquemas obsoletos, un viaje de auto-conocimiento y conocimiento del otro, de entrega al cuidado de los demás, de exploración de nuevos paradigmas relacionales, de adquisición de nuevas herramientas comunicativas y de conocimiento…

Igual que un jardinero cuida de sus semillas, confiando en que ellas por si mismas madurarán y tan sólo las riega o se preocupa de apartar las malas hierbas que impiden su crecimiento libre, las observa para ver si necesitan algo, las mima, las alimenta de cuidados y dedicación…un acompañante de una escuela activa no directiva confía en el niño como actor creador de su propio crecimiento, como semilla con toda la información necesaria latente ya en su propia esencia, para poder madurar como el ser humano que ya es.

Un acompañante en una escuela activa no es un “profesor”, es un “alumno” más, un ser en proceso de crecimiento y aprendizaje, al igual que los niños a los que acompaña…o tal vez…incluso más!

Raquel Galavís.




 

Sueños cumplidos

Volvemos de Alavida casi a punto de despedirnos para las vacaciones de Navidad. LLegamos cansados del viaje pero contentos de haber podido comprobar in situ que una escuela activa es posible!
Hemos visto niñ@s felices decidiendo en asamblea, escogiendo sus actividades diarias, solucionando sus conflictos, repartiendose tareas, trepando a los árboles y jugando en la arena. Hemos olido la leña quemándose en estufas de hierro mientras la mañana despertaba con bufanda. Hemos visto el humo del cambio escaparse por los tubos de las chimeneas, despacito pero sin tregua, inundando el cielo de la sierra madrileña y escogiendo diferentes caminos, ora hacia el Norte, ora hacia el Sur, el Este y Oeste…como un mensaje que poco a poco, irá calando sin duda en muchas más mentes permeables a nuevas formas de acompañar a los niños, en este proceso de aprendizaje que es la vida misma. Gracias a Tinus, Mónica y demás miembros de Alavida por su cariñosa acogida, y sobre todo gracias a l@s niñ@s por enseñarnos tanto.

Curso de matemáticas activas

El pasado fin de semana tuvimos la ocasión de poder manipular y trabajar acompañados de Rosa Graña, con los materiales necesarios para trabajar las matemáticas desde un enfoque activo. Fue maravilloso y emocionante descubrir en los rostros de profesores, madres y padres la sorpresa, la inquietud y el deseo por aprender y acompañar a los niños desde otra perspectiva. Algunos incluso entendieron, por primera vez en su vida, algunos conceptos que en su día asimilaron de memoria, sin comprender verdaderamente el significado. ¡Estoy convencida de que no lo olvidaremos!
Gracias a Rosa y a todos los que asistieron: Elena, Iago, Elena, Yoya, Cris, Natasha, Cristina, Candela… ¡Este camino lo hacemos entre todos!

Felicidad en directo

Las mañanas en Gándara transcurren a otro ritmo. La mayoría de las veces el tiempo se nos escapa entre los dedos. Hoy moler café ha sido la actividad que han escogido los niños. Luego ello les ha llevado a mezclarlo con agua, trasvasarlo a distintos recipientes, calentarlo imaginariamente en un hornillo de barro y finalmente transformar todo ello en un lavabo improvisado. Así una actividad espontánea les ha llevado toda una hora de concentración, juego, expansión, imaginación, motricidad, diversión y aprendizaje activo. ¡Felicidad en directo!